Llegó todo envuelto en un papel blanco,
un poco abultado a los lados
y atado con un cordón dorado.
¿Sabría yo que se ocultaba tras ese inofensivo y a la vez llamativo paquete?
Envuelta yo tras el velo de la inconsciencia,
no quería ni saber de las consecuencias
de no tener curiosidad
por algo de tan aparente magnificencia.
Lo desprecié, mas aún, siguió con indiferencia
frente a mí aquel paquete
que con los años de la existencia
seguía ahí con vehemencia.
Pasaron los meses en supuesto silencio hasta que hice un descubrimiento.
El paquete se alzó al viento,
era dragón al libre vuelo,
viajando en crecimiento.